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¿Fallan las encuestas o no decimos la verdad?

21 noviembre, 2017 por Janine Porras

No es lo mismo preguntarle a alguien sobre lo que hizo en el día, que sobre lo que hará mañana, pues mientras una respuesta será descriptiva, la otra será predictiva, y vaya, podemos cambiar de parecer en el último momento. Eso es lo que revelan las últimas encuestas de procesos electorales o referendos al rededor del mundo. Y abordamos este tema porque todo México había abrazado la esperanza de que Hillary Clinton ganara, sólo por el discurso incendiario de Donald Trump. La mayoría de las encuestas realizadas en EEUU otorgaron ventaja a Clinton y la sorpresa fue para todos cuando observamos cómo el mapa electoral se iba pintando de rojo otorgándole la victoria al republicano.



La volatilidad no es un fenómeno que sólo sufran las monedas del mundo, y vaya que si conocemos de eso con nuestro peso, las respuestas en una encuesta también presentan este fenómeno, pues son frágiles, sobre todo en cuanto a votos electorales se refiere. Una de las preguntas más comunes en las encuestas es: ¿Si hoy fueran las elecciones, por quién votaría? Lo cierto es que de ese momento —el momento en que la persona es entrevistada— hasta el día de la votación puede que su decisión sea influenciada, ¿por qué? Múltiples factores: los acontecimientos del día a día; la guerra sucia; incluso la publicación de los mismos resultados de encuestas puede afectar la decisión de voto. Los análisis bien realizados proporcionan las herramientas necesarias al equipo que se encuentra con una tendencia baja y generar las acciones correctivas para alcanzar los objetivos, eso es lo que hacen las marcas, ¿cierto? Redireccionar los esfuerzos y enmendar los errores. Así los análisis y pronósticos podrían revelar debilidades en los candidatos que pueden ser aprovechadas por los equipos de campaña contrarios revirtiendo el marcador.
No obstante, si un equipo de investigación tuviera oportunidad de entrevistar a todos los votantes o consumidores, los márgenes de error se reducirían, pero es prácticamente imposible hacerlo, por ello se elijen grupos y territorios representativos de acuerdo con comportamientos previamente estudiados. Esto no dar los números exactos de abstencionistas, por ejemplo. Sin embargo, esto es del todo conocido por quienes contratan los servicios de una agencia de investigación.
Por otro lado, no hay que olvidar que para algunas personas entrevistadas, resulta vergonzoso expresar la decisión que han tomado y prefieren verbalizar una opción políticamente correcta ante el entrevistador que aceptar sus preferencias. En otros casos prefieren no responder y evitar mentir. La abstención de los más jóvenes también resulta constante. Los millennials son muy activos en redes sociales, pero poco participativos al momento de ejercer su voto.
Existen agencias de investigación poco serias que manipulan los resultados a su conveniencia, porque como dije más arriba, éstos pueden influenciar en la decisión final del votante o consumidor. Es una realidad, pero pensemos un momento: ¿qué pasaría si pudiéramos estudiar a un grupo representativo por medio de las herramientas del neuromarketing? Quizá hubiéramos conocido con anticipación el malestar presente en la sociedad americana que permitió el triunfo de un candidato sin ninguna experiencia política. ¿Qué sucederá en nuestro país para 2018? Conocer más.

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